El Majá de Santa María, la Boa Endémica de Cuba

El majá de Santa María, la boa endémica de Cuba

Las islas del Caribe atraen por su belleza natural. Una beldad que se expresa en la paradisiaca combinación de mar y tierra, y también en la singularidad y colorido de su flora y su fauna. Precisamente, la riqueza del reino animal en la Mayor de Las Antillas resguarda desde mamíferos en peligro de extinción como el manatí y el almiquí, hasta la presencia de un reptil exclusivo de Cuba como el majá de Santa María.

Puede divisarse deslizándose con sutileza por el suelo o enroscado a la perfección sobre la rama de los árboles. Hay quienes aseguran que las cavernas naturales son su hábitat preferido. Según los zoólogos, la Península de Guanahacabibes, en el extremo más occidental de la isla grande, es el sitio que reporta la mayor presencia de estos animales auténticamente cubanos.  

Pero registros oficiales de los últimos años dan cuenta de su avistamiento en hogares citadinos tanto de La Habana como del interior del país. Ello confirma que el majá de Santa María puede estar presente en cualquier parte de la isla mayor y en los cayos que la rodean.

No obstante, esta boa no constituye peligro alguno para el género humano. Aunque puede llegar a morder, las características de su dentadura favorecen la ausencia de glándulas venenosas. Se dice que alcanza entre cuatro y seis metros de largo, lo que la convierte en la serpiente más grande conocida de las islas caribeñas.

Su instinto de supervivencia lo ha convertido en un experto en la caza de aves y murciélagos, sobre los que se abalanza cuando vuelan en bandadas y están desprevenidos. También se alimenta de ratas, lagartos, ranas y otros reptiles. Estrangula a sus presas hasta provocarles asfixia. Las traga sin masticar, y como suele suceder con otras constrictoras de su tipo, el proceso de digestión dura varios días.

Uno de los principales atractivos del majá de Santa María estriba en la pigmentación de su piel. Sus tonalidades van desde una contrastante escala de grises, carmelitas, verdes o amarillos, combinados naturalmente y que forman seductores y primorosos arabescos. Por ello su piel es considerada una joya singular, mal aprovechada por el hombre para elaborar productos artesanales con fines lucrativos. También hay quienes lo persiguen para nutrirse con su carne y obtener su grasa, a la que atribuyen ciertas propiedades medicinales.

Quizás por ello, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el majá de Santa María es una especie casi amenazada. Ello significa que no peligra su presencia en la naturaleza, pero su caza indiscriminada pudiera provocar su extinción.

Muchas son las leyendas populares que se entretejen en torno a este reptil. Campesinos cubanos de siglos anteriores fomentaron la creencia de que el majá de Santa María se siente atraído por el olor de la leche materna, por lo que suele acercarse a lactantes o mujeres que amamantan; a esto se suma el ficticio poder de hipnosis que se les ha atribuido o su capacidad para unir nuevamente las partes de su cuerpo que han sido separadas por cortes infligidos por los humanos, con herramientas filosas, para darles muerte.

Sin embargo, en el texto “Reptiles en Cuba”, publicado en la década de los ochenta del pasado siglo y escrito por el desaparecido zoólogo cubano Mario Buide, pueden encontrarse los argumentos científicos que desmienten tales creencias. Las evidencias encuentran basamento en las características anatómicas del animal: por la forma de su boca es imposible que pueda succionar, sus ojos no parpadean y por eso da la sensación de que mira fijamente para hechizar, su cuerpo posee un esqueleto que ante un corte transversal sufre de una muerte instantánea. 

El hecho de que no representa peligro para el hombre, es una garantía para observar sin temores al majá de Santa María si se cruza en nuestro camino. Su parsimonia, belleza y unicidad es un regalo que la naturaleza moldea y permite descubrir cuán insólita puede ser la fauna cubana.

El majá de Santa María no es la única serpiente en Cuba

Se dice que en Cuba la ciencia ha registrado hasta hoy unas 38 especies de serpientes. De ellas, 34 son exclusivas del archipiélago y cuatro pueden encontrarse en otras islas caribeñas. Ninguno de estos ejemplares es venenoso.

Gabriela Consuegra Perez

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