El Futuro de Las Playas Cubanas

El futuro de las playas cubanas

¿Tienen futuro las playas cubanas? Nadie se lo hubiera preguntado hace algunos años, pero el llamado Cambio Climático y la afectación por los recientes azotes ciclónicos al Caribe han puesto sobre el tapete tamaña cuestión.

Si dejamos hablar a los números, Cuba ofrece la increíble cifra de más de cinco mil 800 kilómetros de costas. A lo cual habría que sumar las playas de cientos de cayos y pequeños islotes plagados de ecosistemas literalmente vírgenes, apenas descubiertos.

Pero la cuestión no está sólo en los miles de kilómetros de cara al mar, propios de cualquier Isla. La aritmética no puede describir la belleza, la casi infinita diversidad alrededor de la extensa línea costera cubana, bendecida durante casi once meses al año con un clima tropical, aguas cálidas, transparentes y una fauna digna del ejercicio de la inmersión.

Paraísos al fin, las playas cubanas son tan bellas como frágiles. Durante las últimas décadas hay un ascenso del nivel del mar y una pérdida considerable de la duna de arena. Pero eso no ha tomado a Cuba por sorpresa. Los científicos y naturalistas han dedicado años a investigarlas, bajo una perspectiva de ciencias aplicadas y acciones concretas para protegerlas.

La idea es ofrecer a turistas y nacionales la más diversa y amena educación ambiental, sin descartar medidas severas para los depredadores de los ecosistemas costeros. El destino Cuba trabaja por un turismo sostenible con una posibilidad interesante: interactuar de cerca con las comunidades costeras que forman parte del escenario natural y cultural en cada región.

Universidades, instituciones cubanas y proyectos de cooperación internacional se encargan de implementar programas para proteger las barreras coralinas que rodean al archipiélago. Es un exuberante patrimonio costero y subacuático que resulta, además, clave en el mantenimiento de la arena blanca, fina y brillante que distingue a las playas de Cuba.

El Cambio Climático ha supuesto nuevos desafíos y ese país pone especial atención en el modo de proteger sus costas de tormentas y huracanes. No hay cómo evitar los vientos y marejadas, pero es posible fortalecer el equilibrio ecológico, la defensa natural, y lograr playas más resistentes y fáciles de recuperar.

Cuba y sus balnearios están protegidos hasta donde es posible y listos para recibirte. Una vez en la Isla, hay varios que no debes perderte por ninguna razón. Para empezar, y viniendo de oriente a occidente, está Guardalavaca en el litoral norte de la provincia de Holguín. Luego, la cayería norte de las provincias de Ciego de Ávila y Santa Clara, con Cayo Coco, Cayo Guillermo y Cayo Santa María a la cabeza por la deslumbrante infraestructura hotelera que se ha desarrollado allí, rodeada de aguas apacibles color turquesa.

Qué decir de Varadero, no por gusto una de las playas más famosas del Caribe, y que ha recibido directamente acciones de rehabilitación con vertidos de arena. Pero si quieres disfrutar de balnearios a la altura de la mejor ensoñación, sigue rumbo a Pinar del Río. Allí te esperan Cayo Jutía y María la Gorda, tesoros naturales aún por descubrir. Para cerrar, regálese algunas horas en el litoral de arenas negras de la Isla de la Juventud, Playa Bibijagua.

Por cuestiones geográficas, las playas del litoral norte de Cuba generalmente tienen mejor calidad que las del sur, por lo general más bajas y menos cristalinas, con tendencia a la anegación y vegetación diferente. Pero hay excepciones estrepitosas, rebeldes, como las de Cayo Largo del Sur y Ancón, en Trinidad.

Cuba sigue y a todas luces seguirá siendo un paraíso para el turismo de sol y playa. No sólo por sus amplias reservas de estos ecosistemas, sino porque tiene muy clara la importancia de su protección y no está sola. Está acompañada activamente por la comunidad científica internacional, como sucede con el proyecto de colaboración que se desarrolla en el archipiélago Sabana-Camagüey.

Playas y naturaleza en Cuba

En Cuba es posible tocar la naturaleza con las manos, respirarla, sentirla y disfrutarla. Aspiran a un turismo sostenible, que permita preservar el tesoro natural que su ubicación geográfica y la bendita providencia le otorgó. En especial, sus playas.

 

Zulema del Prado Gonzalez

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