Vicentico Valdés, Una Voz de la Habana a Nueva York

Vicentico Valdés, una voz de La Habana a Nueva York

Vicentico Valdés nació en el populoso barrio capitalino de Cayo Hueso, en pleno corazón de Centro Habana, un intenso recodo de la ciudad donde han visto la luz talentosos artistas. Allí nació, muy cerca del mar, de los ruidos urbanos, de los olores y los pregones comerciales. Siempre estuvo muy cerca del son, de la guaracha y la música tradicional.

El niño nacido en enero de 1921, según algunos biógrafos, o en diciembre de 1919, de acuerdo con otros, traía consigo todos los dones de una familia muy musical. Sus hermanos Marcelino y Oscar Valdés eran percusionistas, y Alfredo, otro de los integrantes de la vasta prole, llegó a ser un notable intérprete.

Vicentico, el menor de los hermanos, dio muestras de su talento con muy poca edad. En su temprana juventud cantó con el septeto Ignacio Piñeiro y con la Jazz Band de Antonio María Romeu, llamada Cosmopolita. No había género de la música popular que el bisoño no supiera “partir en dos”, como se dice en buen argot cubano.

Andando el tiempo, su descomunal capacidad le permitía pasearse sin mayores problemas del son a la rumba, del mambo a la guaracha. Sin embargo, en buena lid, Vicentico tenía una voz bastante nasal. Y si lo comparamos con otros grandes de su época como Orlando Vallejo, Ñico Membiela, Orlando Contreras e incluso, con el mítico Benny Moré, es posible percibir que su gran éxito no se basó únicamente en la tesitura de su voz, si no en la emoción para interpretar, para dramatizar cada tema, sobre todo con los boleros. Los aretes que le faltan a la luna es un buen ejemplo. Vicentico vivía intensamente cada bolero y esa es la razón aparente para que nadie, ni antes ni después, los pudiera cantar igual.

En 1944, mientras paseaba su voz con indudable maestría por diversos estudios de grabación en México, Vicentico no lograba decidirse a incluir el bolero de forma estable en su repertorio. No podía sospechar y reconocer el gran bolerista que habría en él para la eternidad.

Poco después, decidió tomarlo mucho más en serio. Ese género terminó marcando su carrera para siempre. Muy especial fue su vínculo con el binomio autoral integrado por Piloto y Vera. La medalla de oro que llevó Vicentico en el pecho hasta su muerte en 1995, era una réplica del Disco de Oro que ganó en 1958 con el bolero Añorado Encuentro, de estos compositores.

Cuentan sus allegados que tenía un vínculo muy especial con aquella canción, al punto de llevarla siempre consigo. Esto era algo llamativo en un hombre que popularizó éxito tras éxito durante tres décadas, en un palmarés que registra la producción de más de 50 discos. Por suerte, las grabaciones en diversos formatos originales o reproducidos, todavía permiten escucharlo cuando dice con toda intimidad “…aunque lejos estemos tú y yo, siempre unido estará nuestro amor”.

Más tarde arroparía con especial cariño otros dos temas, igualmente famosos, que conformarían la tríada de su repertorio favorito, los boleros Envidia y el ya mencionado Los aretes que le faltan a la luna.

Radicado en Nueva York desde inicios de los años 50 del siglo XX, Vicentico vio de primera mano la evolución de la industria musical desde sus años dorados, hasta los últimos días de su vida. A propósito, declaró a la prensa: “Soy mucho más afortunado que muchos de los cantantes que empiezan ahora. Puedo defender todo el tiempo lo que creo que es correcto musicalmente. No tengo que hacer concesiones porque la gente me acepta como soy. Pero si fuera a empezar este día y tuviera que hacer todas las cosas que he venido haciendo hasta ahora, sería mucho más difícil (…) la vieja escuela de compositores ha muerto”.

A pesar de su vida bohemia, Vicente Valdés construyó una hermosa familia con la norteamericana Georgina Agramonte. Ninguno de los tres hijos de la pareja siguió el camino de la música. A varios años de su deceso, los hijos aún rememoran la particular exigencia del padre con los estudios. “El mundo de la música es un negocio muy duro”, les advirtió.

 Vicentico Valdés sigue siendo único

A ciencia cierta, nadie sabe cómo obtuvo su estilo, su manera tan sentida de vocalizar. Lo cierto es que a más de 20 años de su muerte, pocos intérpretes se atreven a elegir aquellos boleros. Al oír a otros cantando sus temas, se hace inevitable comparar.

 

Jany Calero

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