Puerto Del Rey, el Sol Caliente y la Cerveza Fría

Puerto del Rey, el sol caliente y la cerveza fría

Ubicado a orillas del mar y a los pies de la gran Sierra Maestra, cuentan que el propio Colón bautizó a ese rincón como Puerto del Rey. Siglos después, la bulliciosa Santiago de Cuba vería surgir en ese mismo sitio una factoría muy peculiar…y con el mismo nombre.

La cervecería Puerto del Rey abrió sus puertas en 2015. Ocupa las instalaciones de un antiguo almacén de víveres construido en 1902. En tiempo récord la vieja nave dio paso a un sitio espacioso e iluminado, completamente abierto a las bondades del mar y concebido para unos 320 clientes cómodamente sentados.

Desde cualquier mesa del lugar es posible presenciar de primera mano cómo se elabora la cerveza. No importa si la prefiere clara, oscura o negra, se le servirá fuerte, helada y espumosa. Siempre podrá estar acompañada, según su elección, de alguna delicia cocinada a base de cerdo (macho) oriental.

Comentan los asiduos más exigentes que a pesar de los refinados métodos, la calidad de la cebada y la experticia de los maestros alquimistas, el sabor de la cerveza en el establecimiento aún no es perfecto; pero a la vez, resulta sorprendentemente único si se combina con el suculento “Caldo del Rey”, un espeso ajiaco de costilla de cerdo que como se dice en Cuba, “levanta a un muerto”.

La moderna planta de tecnología austríaca permite a la mini fábrica elaborar dos mil litros diarios de cerveza y malta. Las ofertas alcanzan el confortable precio de 2.00 cuc (un poco más de dos dólares) la jarra de cerveza, 1.00 cuc la jarra de malta y 1.25 cuc la malta con leche. Allí sólo se produce a partir de cebada malteada, garantía de salud y calidad, en un proceso natural que no incluye agregados como el maíz, sorgo, trigo o azúcares.

Habría que viajar hasta La Habana para disfrutar algo similar. La capital tiene la mayor oferta cervecera de este tipo en Cuba, con dos mini fábricas artesanales ubicadas en La Habana Vieja. Así volvió a la Isla a fines de los 90 del siglo pasado la costumbre de tomar cerveza en jarra o por metraje (lo que en otros países se conoce como misil). Es mucho más fácil encontrar cerveza enlatada o embotellada.

Pero Puerto del Rey no es sólo bebidas, sino también la magia del entorno. Los enormes ventanales de la cervecería y la disposición de las mesas permiten una envidiable vista de todo el litoral y la sierra circundante, así como de la amplísima alameda marítima de Santiago de Cuba, recientemente remozada. La cervecería se distingue por cierto aire de mesón del puerto, bullicioso y alegre, con las jarras y metros de cerveza de distinto tono, colmando la escena.

Los salones están decorados con motivos alegóricos al desembarco de los españoles por esas tierras: anclas, barcos y grabados de mar, y la elegante planta cervecera como principal atractivo en la decoración.

Disfrutable a cualquier hora del día, Puerto del Rey se ilumina especialmente, sin embargo, cuando cae la noche. El salón se va llenando de un ambiente bohemio que recuerda al Santiago de otras épocas, quizás por el contagioso son tradicional y los boleros que se dejan escuchar y domar entre sentimientos de amores perdidos o por encontrar, o quizás por la melancólica compañía del mar sereno que refleja intermitentemente las luces de la ciudad.

El refugio Puerto del Rey

Si viaja por Santiago de Cuba y su paladar le pide algo más fuerte y diferente a las dos cervezas más populares del país, Bucanero y Cristal, ponga rumbo a Puerto del Rey, refugio singular para bohemios de todo el oriente.

Ileana Fuentes Arroyo

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