Coppelia Antigua Catedral Del Helado

Coppelia antigua catedral del helado

En La Habana existe una auténtica heladería que cumplió medio siglo en junio de 2016. Se trata de Coppelia, una instalación que abre sus puertas entre martes y domingos, a cubanos y visitantes de otras latitudes.

Se dice que debe su nombre al clásico ballet. En consecuencia, su ícono distintivo representa a una bailarina, con el singular tutú y parada en puntillas de pie. Pero lo cierto es que la idea de crear este recinto gastronómico se gestó a inicios de 1966.

Anteriormente, en el siglo XIX, sobre el terreno de ocho mil metros cuadrados se levantaba el Hospital Reina Mercedes, demolido en 1954 con el supuesto fin de construir una instalación hospitalaria más moderna. Pero en ese enclave, localizado en el corazón del Vedado, y ante la tendencia constructiva de levantar rascacielos en las grandes urbes, propició que se pretendiera alzar un edificio de 50 pisos, superando entonces al emblemático Focsa, de 36 niveles.

Sin embargo, ante los cambios ocurridos en la Isla a partir de 1959, allí se construyó un Pabellón de Turismo, idea de Celia Sánchez Manduley, la mujer más célebre del nuevo poder. Los asistentes disfrutaban de un restaurante, una cafetería y un bar, con una decoración externa que simulaba montañas y lagos. Posteriormente, se creó el centro Nocturnal, pero Celia intuía que ese espacio podría destinarse al descanso y el regocijo de la familia. Por ello, a inicios de 1966 proyectó una gran heladería sin precedentes en la Isla, y quizás en el mundo.

Ella encargó la obra a su amigo Mario Girona, quien tras el éxito del centro turístico Guamá en la Ciénaga de Zapata, se había convertido en uno de los más importantes proyectistas de Cuba.

Coppelia se diseñó con un edificio central de dos pisos en forma circular, del que salen ocho columnas. Visto desde el aire parece una araña gigante y tanto abajo como arriba se divide en tres secciones. La cúpula está formada por cristales coloridos. Opulentos jardines poseen árboles que regalan sombra a las cinco canchas exteriores que rodean al pabellón central. Los dibujantes Candelario Ajuria y Rita María Grau, colaboraron en la ornamentación.

Seis meses demoró la materialización de la obra de hormigón armado. Cuentan que simplemente abrió y comenzó a vender helados producidos por la fábrica homónima. Su carta estaba integrada por delicias de 43 sabores, entre los tradicionales como el chocolate, el mantecado o la vainilla, y los provenientes de frutas cubanas, como el mamey, el mango, el coco, entre otros.

Semejante variedad propiciaba la elaboración de más de veinte combinaciones, un monumento erigido al paladar. Podían degustarse en tentadores platos como las Tres Gracias, las Ensaladas, los Jimaguas, el Soldado de Chocolate, el Banana Split o el Turquino; unos se acompañaban de dulces como la Canoa India, el Cake a la Moda o la Copa Lolita; y otros aderezados con refrescos como la Vaca Negra o la Vaca Blanca.

Inmediatamente, Coppelia se convirtió en un sitio de referencia. Miles de personas acudían a diario para festejar su gula con placenteros, dulces y cremosos helados. Los enamorados se citaban en el sitio, los poetas y trovadores recibían inspiración entre sus mesas. Estudiantes y trabajadores, a cualquier hora del día, merendaban en los salones o al aire libre.

Vacacionistas de todas las regiones isleñas incluían en sus paseos una visita al Coppelia, parada obligada también para extranjeros. Es evidente que el filme cubano “Fresa y Chocolate” lo bautizó como la Catedral del Helado.

Pero las dificultades económicas acentuadas en Cuba durante la década de los noventa del pasado siglo, redujeron ostensiblemente la producción de helado. Ello fue un duro revés para Coppelia, que comenzó a brindar un servicio limitado, con ofertas de apenas dos o tres sabores e igual cantidad de platos.

Tales efectos de la crisis se extienden hasta nuestros días. Sin embargo, Coppelia continúa como el sitio más visitado del Vedado. Resulta común ver largas filas de personas que acuden para tomar un refrescante helado con familiares, amigos o también en soledad.

Coppelia es punto de encuentro para los que viven en La Habana o la visitan, y regresan una y otra vez. No importa el sabor que haya ni la escasez que persista. Hay quienes prefieren ir temprano en la mañana para acceder a mejores ofertas. Pero aún así, marca el imaginario y la vida citadina en la capital, reforzando el sabor a trópico que caracteriza a la Mayor de Las Antillas.

Una heladería reproducida en toda la Isla

Ante el éxito de la experiencia, era necesario multiplicarla. Con los años, se abrieron establecimientos Coppelia en las provincias y algunos municipios de ese país. Así, los cubanos disfrutarían de una heladería similar sin trasladarse a La Habana.

 

Jany Calero

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